El arte en la Edad Media resumen

Con el surgimiento del cristianismo comenzaron a desarrollarse nuevas expresiones artísticas, ligadas a los principios y valores de la doctrina de Cristo.

En un principio el cristianismo utilizó para su culto las edificaciones paganas, realizadas con anterioridad, más adelante comenzaron a construir sus propias edificaciones, llamadas iglesias. Representaron imágenes de la vida de Jesús y de los santos y desarrollaron una extensa iconografía ligada a esta nueva religión, tanto en lo escultórico como en la pintura. Las imágenes iconográficas estaban integradas a los espacios arquitectónicos de la iglesia.

El arte cristiano de Oriente (Bizancio) tuvo características muy distintas del arte cristiano de Occidente.

Los Reyes Magos, detalle, mosaicos en San Apolinario Nuevo, siglo VI

Para los romanos, el emperador era hijo de los dioses, y ellos veían en la nueva religión monoteísta una amenaza contra el poder del imperio. Por ese motivo el cristianismo se desarrolló, en un principio, clandestinamente, en las catacumbas de Roma. Las catacumbas eran grandes galerías subterráneas donde los primeros cristianos enterraban a sus muertos, practicaban el culto a su dios, y además, podían esconderse cuando los romanos los perseguían. Como necrópolis*, se diferenciaban de las de Egipto y Grecia por la distribución de los espacios, ya que en estas últimas existía un mayor orden y estaban más decoradas.

Con el cristianismo comienzan a representarse imágenes de Jesús, de los santos y de los ángeles. Una gran cantidad de imágenes fueron pintadas y/o esculpidas con estos motivos.

Mosaicos de la Basílica de San Vítale, siglo VI

El arte bizantino

La población de la Edad Media estaba compuesta, en su mayoría, por campesinos, quienes se nucleaban alrededor de los castillos de los señores feudales y de las abadías.

La religión era el organizador social, y conducía la vida comunitaria. Fue por entonces que se hizo necesario construir iglesias y monasterios.

Al transformarse la antigua Bizancio en Constantinopla, surgió el arte bizantino, que resultó de la mezcla e influencia: helénica (que es otro modo de nombrar a los griegos), romana y oriental. Esta combinación produjo un arte rico y suntuoso.

La arquitectura bizantina se caracteriza por el empleo de una decoración profusa en la que se utiliza el mosaico, el color azul y el dorado. Además, implementó el uso de cúpulas, las que se construyeron en grandes dimensiones.  

Pertenecen a este estilo las basílicas de Santa Sofía, la de Constantinopla y la de San Marcos en Venecia. También, la iglesia de San Vital, en Rávena, la catedral de San Miguel Arcángel, y de la Anunciación, en Rusia, entre otras.

En la Edad Media tanto en Oriente como en Occidente hubo grandes discusiones sobre las imágenes y lo que significaban. Para muchos las imágenes (iconos), era perjudiciales porque promovían la idolatría. Las luchas se dieron entre los defensores de las imágenes –iconòdulos- y los detractores de estas –iconoclastas-.

Hay que recordar que el cristianismo surge como una religión monoteísta y que lucha contra el paganismo.

La Basílica de Santa Sofía es una de las obras más conocidas de la construcción bizantina

El romántico y el gótico

La arquitectura romántica nace de la fusión de elementos de la arquitectura romana con otros aportados por la arquitectura oriental.

Las primeras iglesias que comenzaron a construirse bajo el estilo románico, se caracterizaron por tener una sólida presencia y poca altura, especialmente si las comparamos con el estilo gótico posterior, pocas ventanas y puertas, lo que las hace muy oscuras.

A pesar de que, en un principio, la mayor parte de la población vivía en el campo dedicándose a la agricultura, los artesanos y los mercaderes comenzaron a concentrarse en ciudades que se crearon alrededor de abadías, cruces de caminos y castillos. Las ciudades fueron cada vez más importantes y con ellas creció también un poderoso grupo social, la burguesía.

El Baptisterio, el Duomo y al fondo la famosa Torre de Pisa. Tres construcciones románticas en Pisa, Italia.

Junto a estos cambios del orden social, también el arte y la arquitectura fueron modificando sus expresiones. Así fue que el concepto románico de arte debió dar paso al surgimiento de un nuevo estilo: el gótico, que nació en Francia alrededor del siglo XII y se extendió a toda Europa. Los hombres de la época mostraban orgullosos sus gustos estéticos, sus nuevas ideas y también el esplendor de las ciudades.

Las catedrales se comenzaron a construir en los centros de las ciudades, y evidenciaban el poder de la Iglesia.

Los edificios góticos se diferencian especialmente de los románticos por su esbeltez, su altura, y por la cantidad de aberturas que poseen. El modo en que se alzan hacia el cielo, con sus formas alargadas y en punta (casi como agujas), transmite aún hoy sensación de elevación.

Lo que se quería expresar a través de estas construcciones era de los seres humanos centraban su mirada en el firmamento, de donde provenía lo divino.

El Duomo de Milán, construcción gótica, Italia.

Las construcciones, en la Edad Media, eran en general de gran tamaño. En algunos casos, para finalizar algunas de ellas, se tardó más de un siglo. No es fácil imaginarse la variedad y cantidad de artesanos que trabajaron en ellas durante todo ese tiempo, sin perder el sentido del trabajo total. Eran esencialmente obras colectivas y anónimas.

En el período romántico, los temas tratados por los artistas fueron esencialmente de tipo religioso. Existía gran preocupación por difundir el cristianismo, y las imágenes cumplían una función didáctica: se enseñaba la religión por medio de ellas, dada la escasa cantidad de personas alfabetizadas. La vida de Jesús, de los santos y los mandamientos, eran representados en imágenes.

Las iglesias románicas poseían gran cantidad de pinturas y esculturas, de altos y bajorrelieves con imágenes que cumplían esa función educativa.

En el gótico, esa función fue reemplazada por las vidrieras llamadas vitreaux, donde también se representaban escenas religiosas. Estas eran de vidrio, lo que permitía que la luz ingresara en el espacio interior, iluminando las escenas intensamente.

Este vitreaux pertenece a la catedral de Notre-Dame, París. Considerada una de las más antiguas catedrales góticas.