La iliada RESUMEN

CANTO I

Se pide desde el principio a la musa que mande el canto de las desgracias alcanzadas por la ira de Aquiles (1-7). Llega a la asamblea de los argivos, Crises, sacerdote de Apolo para rescatar a su hija, hecha cautiva hac√≠a poco en la guerra y por honor entregada a Agamen√≥n (8-21). Apolo mand√≥ sobre el ej√©rcito una terrible epidemia por haber sido rechazado ignominiosamente su sacerdote (22-52). Aquiles hace una asamblea, para aplacar al dios, en la que el adivino Calcas pregona que ellos deb√≠an liberar a su hija Briseida de tan terrible disputa y no rehusa entregarle su hija ciertamente a Crises, pero le arrebata a Aquiles a Briseida a quien hab√≠a sido concedida como premio a su valor. Se apodera de Briseida aunque N√©stor se opone (130-311 y 318-347). Enardecido por esta ofensa, decide el firme joven separarse de la guerra con los mirmidones, sus soldados. Su madre Tetis reafirma su prop√≥sito y promete venganza al suplicante (348-427). Mientras tanto el ej√©rcito ofrece sacrificios expiatorios y son ofrecidos a Apolo (312-317). Entonces se hace retirar a Crises a su casa junto con las v√≠ctimas propiciatorias, por quienes es espiado el crimen siendo sacrificadas (428-487), ¬†que se hab√≠a presentado Tetis en el Olimpo ocultamente, favoreci√≥ con la victoria a los troyanos, mientras los aqueos no dieran una satisfacci√≥n a Aquiles (488-533). Hera, enemiga de los troyanos ataca estas determinaciones clandestinas y ri√Īe con Zeus en la cena (534-567). Por esta causa se entristece toda la asamblea de los dioses, a quienes Hefesto hace volver finalmente a la tranquilidad y alegr√≠a (568-611).

CANTO XIII 

Pasando el muro los troyanos, por diversas partes, matan a los aqueos, cuando Poseid√≥n conmovido por la calamidad en su interior por Zeus, se acerca a los que defend√≠an las¬† (1-42). Oculto bajo forma humana para animar a los que se deten√≠an, exhorta primero a los dos √Āyax y despu√©s a los dem√°s capitanes (43-124). As√≠ los √Āyax y otros, rechazan a H√©ctor de la matanza de las naves en plena fila de combate (125-205); al poco, Idomeneo, movido por Poseid√≥n a combatir, habi√©ndose unido con Meri√≥n, socorre por la izquierda a los afligidos aqueos (206-329). Despu√©s se traba un feroz combate en el que Zeus favorece a los troyanos y Poseid√≥n a los aqueos. Sobresale entre √©stos, el valor de Idomeneo (330-662). √Čste, da muerte a Otrioneo, Asio y Alcatoo y asimismo, en compa√Ī√≠a de Meri√≥n, Ant√≠loco y Menelao¬†¬†con superioridad contra Eneas, De√≠fobo, H√©leno y Paris (363-672). Tambi√©n detiene a H√©ctor quien hac√≠a poco se hallaba en el centro del lugar y de tal modo lo apremian los √Āyax y otros grupos, que ya se retiran los troyanos: pero fortalecido H√©ctor por el consejo de Polidamante, conduce repentinamente contra el enemigo a los que hab√≠a reunido (673-808). √Āyax da comienzo a un nuevo combate y se pelea por ambas partes con grandes clamores (809-837).

CANTO II 

Zeus-quien habr√≠a de vengar la injuria inferida a Aquiles-, le envi√≥ un sue√Īo a Agamen√≥n para incitarlo a realizar la batalla con la esperanza de la victoria (1-40). Al amanecer, Agamen√≥n manifest√≥ lo comunicado en el sue√Īo y su propia decisi√≥n a los jefes de los argivos; reuni√≥ al poco una asamblea de todos (41-100). Le agradaba para probar la fe del pueblo, del que desconfiaba, fingir la determinaci√≥n de retornar a la patria: habiendo o√≠do esto la multitud comenz√≥ enseguida, cansada ya por la guerra, a sublevarse y a preparar la navegaci√≥n (101-154). Odiseo reprimi√≥ la rendici√≥n de com√ļn acuerdo y por consejo de Atenea se vali√≥ de s√ļplicas, amenazas y oprobios para que volvieran de este modo a la asamblea (155-210). A Tersites, aquel hombre torpe y malhablado que no cesaba de urgir la retirada, lo castig√≥ con mayor severidad para escarmiento de los dem√°s (211-277). As√≠ cohibido el populacho se dobleg√≥ por fin a dejarse persuadir por los excelentes discursos de Odiseo y de N√©stor quienes renovaron las antiguas promesas y se valieron de estas ostentaciones para que los aqueos tuvieran confianza en el combate; el mismo Agamen√≥n orden√≥ el combate y llen√≥ del ardor de la pelea el √°nimo de todos (287-393). Ya se anima el ej√©rcito; los primeros, sacrificadas ya las mayores v√≠ctimas, se sientan al convite delante de Agamen√≥n; los dem√°s toman sus alimentos por diversas partes y of recen sacrificios, y cada pueblo, instruido por sus jefes marcha a la batalla (394-484). Se inserta en este lugar el cuidadoso cat√°logo de las naves, pueblos, jefes, que hab√≠an seguido a Agamen√≥n a la guerra de Troya (485-785). Tambi√©n los troyanos, descubrieron lo que tramaban los aqueos, marchan al campo bajo el mando de H√©ctor junto con sus aliados, de los que se a√Īade una breve rese√Īa (786-877).

CANTO XIV 

N√©stor, atemorizado por el clamoreo del combate, sale de su tienda en la que a√ļn se curaba Maca√≥n, para explorar los hechos en el lugar en que se realizaban (1-26). Agamen√≥n, Odiseo y Diomedes, doli√©ndose a√ļn por las heridas, le salen al encuentro cambi√°ndose de lugar por la misma causa; el primero de los cuales angustiado por el √©xito de la guerra y viendo ahora abierta la muralla, reflexiona sobre la huida (27-81). Odiseo reprueba esta determinaci√≥n, y as√≠ Diomedes persuade a todos a que vuelvan a la batalla y que con su presencia ayuden a todos, d√°ndoles certidumbre y consejos; al mismo ¬†Poseid√≥n conforta a Agamen√≥n que ya se iba y da fortaleza al ej√©rcito (82-152). Mientras tanto Hera, para elevar la moral de los aqueos, se arregla en su persona y se prepara delante de Zeus en el monte lda para atraerlo con todos los halagos de una esposa; para lo cual se coloca el c√≠ngulo de Afrodita y hace venir desde Lemnos al dios Sue√Īo, quien lo entretiene en el estado de descanso (153-351). Poseid√≥n hab√≠a puesto asechanzas en este tiempo, mediante el consejo de Sue√Īo, la suerte de los aqueos que les devolvi√≥ auxili√°ndolos prontamente (352-401). H√©ctor, herido por el golpe de la piedra que le hab√≠a lanzado √Āyax, estaba sin alientos y fue transportado y curado por sus soldados (402-439). Combatiendo los aqueos a los troyanos, elevados ya sus fuerzas y esp√≠ritu de combate, los alejan de las naves, persigui√©ndolos en primer t√©rmino √Āyax el¬†¬†(440-522).

CANTO III 

Al primer encuentro del combate, Paris o Alejandro provoca con suma fiereza a cada uno de los aqueos para el combate; pero en cuanto ve a Menelao saltando de su carro, huye atemorizado (1-37). Poco despu√©s √©l mismo, impulsado por los gritos de H√©ctor se ofrece en singular desaf√≠o con Menelao, comenzando lo m√°s importante de la batalla; aceptada la condici√≥n pide Menelao que vaya por medio una promesa, consagr√°ndola ante la presencia de Pr√≠amo (38-110). As√≠ pues los ej√©rcitos dejan las armas y se preparan sacrificios de ambas partes, mientras tanto Helena llama desde la torre a Pr√≠amo y a los ancianos de Troya, a los jefes argivos que est√°n en el campo inferior (l l l-244). Siendo llamado, se presenta Pr√≠amo en compa√Ī√≠a de Antenor y se hace un pacto seg√ļn el antiguo rito y bajo estas condiciones, de que si uno de los dos venciese al otro, obtendr√≠a a Helena y sus riquezas; pero los troyanos inferiores a los aqueos pagar√≠an una fuerte multa (245-301). Despu√©s de la partida de Pr√≠amo, toman las armas Menelao y Paris y marchan al espacio convenido para la pelea; pero Paris, superado, es sutra√≠do por Hera ocultamente y se lo lleva inc√≥lume a su propia morada (302-382). Al mismo lugar lleva a Helena, quien resistiendo primero al nuevo marido le echa en cara su cobard√≠a; sin embargo poco despu√©s se reconcilia con √©l (383-448). De esta manera, en vano busca Menelao al adversario que estaba gozando de la protecci√≥n de la diosa, mientras Agamen√≥n busca p√ļblicamente el precio de la victoria que se hab√≠a pactado (449-461).

CANTO XV

Despertando de su letargo Zeus, ve a Poseid√≥n dando ayuda a los troyanos contra los aqueos (1-11). Enseguida, reprende √°speramente a Hera y manda llamar del Olimpo a Iris y Apolo; se sirve de ellos como de sus ministros para restituir sus fuerzas a los troyanos y simult√°neamente predice toda la serie de designios hasta la destrucci√≥n de la ciudad (12-77). Habiendo regresado Hera a la morada de los dioses, Ares sabe por ella lo referente a la muerte de su hijo Asc√°lafo y se apresta para la venganza; Atenea reprime su c√≥lera (78-142). Apolo e Iris se presentan ante Zeus y por mandato de √©ste obliga a Poseid√≥n bajo amenazas a que abandone la guerra. √Čste a pesar de estar lleno de temor a√ļn se atreve a resistirse (143-219). Apolo alienta a H√©ctor, ya sanado y retirado del combate por esa causa, y renueva la suerte de los troyanos (220-280). H√©ctor acomete a los fort√≠simos aqueos que dejando de combatir se retiraban a las naves; mata a una parte de ellos; a otros los hace huir, yendo delante el dios, quien agitando su √©gida estremeci√≥ de temor a los aqueos y fortaleci√≥ a los troyanos, pues derribando el muro, prepar√≥ el camino para destruir al ej√©rcito (281-389). Por esta terrible desgracia que le comunic√≥ Eur√≠pilo, Patroclo regres√≥ ante Aquiles y lo exhort√≥ para que los ayudara en ese √ļltimo trance (390-404). Mientras tanto los aqueos combaten terriblemente ante sus naves cayendo muchos de ambas partes (405-590). Finalmente ellos se retiran sin dispersarse entre las filas de las naves, desde las que √Āyax Telamonio defiende del fuego, armado con una lanza, porque ya H√©ctor amenazaba quemar la nave de Protesilao (591-746).

CANTO IV 

Debiendo ser devuelta Helena a los aqueos seg√ļn el pacto y dirimidas las diferencias en la l√≠nea de combate en la que fue separado Paris; Hera indignada en la asamblea de los dioses, no pudo contener ya su odio contra los troyanos e insiste ante Zeus a fin de que conceda que los aqueos den muerte a Paris (1-49). Atenea, enemiga tambi√©n de los troyanos, enviada a la tierra por la exhortaci√≥n de Zeus, persuade a P√≠ndaro Licio para que lanzada una flecha contra Menelao, rompa el pacto e introduzca una nueva causa para combatir (50-104). Llamado el m√©dico Maca√≥n, cura a Menelao de su herida no mortal (105-219). Mientras tanto, armados nuevamente vuelven a combatir los troyanos, mientras Agamen√≥n va y viene entre la multitud de aqueos, alabando el valor de algunos como Idomeneo, √Āyax y N√©stor, que ya estaban situados en el campo de batalla y reprendiendo la tardanza de los otros como Menesteo, Odiseo, Diomedes que a√ļn no se llenaban del nuevo ardor para combatir (220-421). Se reanuda la lucha, en la que Ares por una parte y Apolo, Atenea y otras divinidades por la otra, ayudan respectivamente a los troyanos y a los aqueos (422-544).

CANTO XVI 

Aquiles le presta a su amigo Patroclo que le suplicaba y ped√≠a ayuda, sus propias armas y tropas para salir a combatir bajo la condici√≥n de que se contentase con rechazar a los troyanos de las naves y no se expusiese a mayores peligros (1-100). Debilitado ya el mismo Ayax, no pudo impedir que se pusiese fuego a la nave (101-123). Visto lo cual Aquiles, llama a su amigo a las armas, prepara las filas de los suyos, les habla y hechas las libaciones y las preces los despide (124-256). De pronto, habiendo visto el jefe de los mirmidones, aterrorizados a los enemigos, el enga√Īo de la figura de Aquiles, libra del ataque a la nave y apaga el incendio (257-303). Comienza de nuevo la batalla y a los que huian cegados por el pavor, los persigue sobre la trinchera y aun a campo abierto (306-418). Enseguida, Glauco mata a Sarped√≥n, hijo de Zeus, habiendo quedado asi vengadas las matanzas (419-507). √Čste juntamente con H√©ctor y otros de los en terrible combate con los aqueos que arrastraban los despojos, les quita el cuerpo de Sarped√≥n. Apolo ve esto y por mandato de Zeus es lavado el cuerpo y ungido y llevado a Licia por sus amigos (508-683). Por aquel tenor de los acontecimientos el feroz Patroclo persigue a los troyanos hasta la ciudad, sube a su muralla pero es apartado de aquel lugar por el dios (684-711); sin embargo, resiste de nuevo a H√©ctor que irrumpe lleno de fuerza, mata a su auriga Cebri√≥n y se lleva el cad√°ver despu√©s de haberlo despojado (712-782). Finalmente mata a muchos de la masa de soldados hasta que Eufrobio lo hiere, aterrorizado √©l mismo por la fuerza de Apolo y despojado de sus armas; H√©ctor le da muerte e insta a Automedonte a encaminar el carro de Aquiles llev√°ndolo junto a las naves (783-867).

CANTO V

Los aqueos contin√ļan despedazando a los troyanos; delante de todos, el insigne Diomedes lleno de ferocidad por la protecci√≥n de Palas retira a Ares de la batalla (1-94). Pero √©l mismo herido por P√°ndaro, ataca con mayor vehemencia a los enemigos (95-166); mata a P√°ndaro, estando de pie, y despu√©s peleando desde el carro de Eneas (167-296); hiere a Eneas que cubr√≠a el cuerpo de su amigo (297-310); hiere a Afrodita en la mano, pero Iris la saca del combate (311-351). Afrodita librada por su hija en el carro de Ares, la lleva al Olimpo, en donde su madre Dione la cobija en su seno. Los otros dioses se r√≠en sin que lo note (352-431). Apolo libra a Eneas, apartado por Atenea del furor de Diomedes y lo cura recre√°ndolo en la fortaleza troyana y llama nuevamente a Ares a las filas (432-460). Ares exhorta a los troyanos para que peleen con fortaleza; enseguida se presenta ante ellos Eneas, ya curado (461-518). Tampoco los aqueos combaten con cobard√≠a y caen muchos de una y otra parte, entre √©stos Tlepolemo contra Sarped√≥n; finalmente se alejan poco a poco los aqueos (519-710). Hera y Atenea vienen desde el Olimpo en auxilio de √©stos que luchaban (711 -777). Por estas palabras de Hera se enardece nuevamente la masa; pero Diomedes aconsejado y conducido por Atenea, hiere al mismo Ares (778-883) quien regresa enseguida al Olimpo desde el campo de batalla y ah√≠ sana, sigui√©ndolo tambi√©n las diosas (864-909).

CANTO XVII

Muerto Patroclo, Menelao mata a Euforbo y lo despoja de sus armas (1-60). H√©ctor por consejo de Apolo dejando de perseguir a Automedonte le quita los despojos y regresa, mientras Menelao hace venir a √Āyax el mayor, para que cuide el cad√°ver (61-139). H√©ctor se retira ante √Āyax, pero incitado por la reprensi√≥n de Glauco vuelve nuevamente, luciendo soberbiamente las armas de Aquiles, a fin de arrebatar el cuerpo y lleno de fortaleza anima a cada uno de los suyos en el mismo campo de batalla; simult√°neamente llamados por Menelao acuden con presteza los m√°s valientes aqueos (140-261). As√≠ en un mismo lugar se origina un terrible combate entre Menelao y H√©ctor con cada una de sus tropas y pelean uno y otro con distinta suerte. Ellos para defender el cuerpo de Patroclo y √©stos para que lo arrastren y sea causa de ludibrio (262-425). Zeus vuelve el vigor a los caballos de Aquiles que se dol√≠an por la muerte de Patroclo y Automedonte los regresa al combate en uni√≥n con Alcimedonte (426-483). H√©ctor, Eneas y otros, atacan el carro de Aquiles para apoderarse de los nobles caballos y los aqueos sostienen con fiereza el √≠mpetu de aquellos, quienes tratan tambi√©n de rescatar el cad√°ver. Entonces Menelao implora nuevas fuerzas a Atenea, y Apolo exhorta a H√©ctor con la aprobaci√≥n de Zeus (484-596). Finalmente viene a menos la fuerza aquea, y aun el mismo √Āyax Telamonio, tiembla, bajo cuyo mandato Menelao env√≠a un mensajero a Aquiles, y es Ant√≠loco, quien le anuncia la muerte de Patroclo y las derrotas recibidas, (597-701), y el mismo Menelao junto con Meri√≥n apoyado por la compa√Ī√≠a de los √Āyax, se atreve a llevarse el cad√°ver hasta las naves, meti√©ndose entre los enemigos que combat√≠an (702-761).

CANTO VI

El adivino H√©leno, cuando deca√≠a en huida el ej√©rcito troyano exhorta a H√©ctor para que haga un sacrificio p√ļblico a Atenea en la fortaleza (1-101). As√≠ pues √©l, habi√©ndose reanudado la lucha r√°pidamente, marcha a la ciudad; en este combate, Diomedes y Glauco, jefe de los licios, encamin√°ndose al lugar de la lucha, antes de llegar a las manos, habiendo recordado la hospitalidad de sus padres, hecho el cambio de las armas, unen sus diestras (102-236). H√©cuba y las dem√°s matronas, por consejo de H√©ctor y de los pr√≥ceres troyanos, llevan el manto al templo de Atenea y expresan sus votos por la salvaci√≥n de la patria (237-311). Mientras tanto H√©ctor, en su casa, hace volver a Paris reprendiendolo en el campo de batalla (312-368); a su esposa Andr√≥maca, la busc√≥ en vano en sus habitaciones y sali√≥ finalmente de la ciudad por la puerta Escea; la encuentra con su hijo Astianacte y les habla por √ļltima vez (369-502). Armado, Paris alcanza a su hermano en el camino (503-529).

CANTO XVIII

Recibida la noticia de la muerte de Patroclo, Aquiles se entrega a la desesperaci√≥n y a los lamentos (1-34). Ante estas lamentaciones despertada Tetis, llega desde el mar con su cohorte de Nereidas para consolar a su hijo; a quien cuando ve lleno de ambici√≥n de vengarse de H√©ctor, aunque aquello habr√≠a de ser decidido por el destino, difiere su deseo para el √ļltimo d√≠a, pero le promete que le llevar√° armas nuevas fabricadas por Hefesto (35-137). Habiendo regresado las Nereidas a su mansi√≥n, Tetis se apresura hacia el Olimpo, mientras se renueva la batalla sobre el cuerpo de Patroclo que finalmente hubiera quedado en poder de H√©ctor, a no ser que Aquiles por consejo de Hera hubiese aterrorizado a los troyanos con su aspecto y voz terribles y los hubiese hecho huir hasta las murallas enemigas (138-231); mientras tanto los aqueos, rescatado el cuerpo, lo llevan a la tienda de Aquiles, al entrar la noche (232-242). Los troyanos tienen una tumultosa asamblea y Polidamante los persuade de que se salven dentro de las murallas, no sea que Aquiles venga a las filas y acabe con ellos; pero este prudente consejo desagrada a H√©ctor y al pueblo (248-314). Los troyanos redoblan la vigilancia durante la noche con sus armas; los aqueos y al frente de ellos Aquiles, lloran la muerte de Patroclo, embalsaman el cad√°ver y lo colocan en el ata√ļd (315-355). Aquella misma noche llega Tetis al Olimpo en donde Zeus acababa de reprender a su esposa porque ayud√≥ a Aquiles y es recibida amigablemente en la mansi√≥n de Hefesto (356-427). Para Hefesto le era f√°cil si se lo ped√≠an con insistencia, fabricar escudos y toda clase de armas con su arte exquisito (428-617).

CANTO VII

H√©ctor y Paris impulsan a los aqueos para que vuelvan a la batalla, combatiendo ya sea con armas iguales o mejores (1-16); lo cual, para que sea terminado finalmente, de acuerdo con el designio de Atenea y de Apolo, y la persuasi√≥n de H√©leno sea provocado cada uno con la mayor fuerza posible por parte de H√©ctor para un combate cuerpo a cuerpo (17-91). Agamen√≥n disuade a Menelao que se muestra alegre y confiado mientras los dem√°s vacilan (92-122); al poco instigados por N√©stor salen a combatir nueve h√©roes de cuyas suertes se√Īala el suceso √Āyax Telamonio (123-205). Se re√ļnen H√©ctor y √Āyax y pelean duramente, mientras bajo la noche apartan a √©stos, iguales en fuerzas, habi√©ndoles dado a su vez regalos (206-312). En los banquetes p√ļblicos N√©stor hace el recuento de los cuerpos de los ca√≠dos que deben sepultarse y los campamentos que deben fortificarse. Cuando en la asamblea de los troyanos, Paris responde a Antenor quien dice que deben ser restituidos al due√Īo, Helena juntamente con sus riquezas, a√Īade que √©l no regresar√° ningunas riquezas sino que a aqu√©llas se a√Īadir√°n las propias (313-364). Al d√≠a siguiente Pr√≠amo lleva aquella respuesta a los aqueos y a fin de que tambi√©n puedan ser sepultados los cuerpos de los troyanos manda que se haga una tregua (365-420). Despu√©s de estos sucesos cada bando procura dar sepultura a los suyos y al mismo tiempo los aqueos rodean su base naval con un muro y fosas; Poseid√≥n se admira de estas obras con indignaci√≥n en la asamblea de los dioses (421-464). A la cena sigue la noche amenazadora con sus rayos (465-482).

CANTO XIX

A la salida del sol, Tetis le da a Aquiles las armas que hab√≠a hecho Hefesto y lo excita nuevamente a la alianza para la guerra; pues el cuerpo de Patroclo derrama divinos olores a fin de que dure incorrupto para la sepultura (1-39). Aquiles, reuniendo una samblea, olvida su ira, y pide continuar la guerra cuanto antes (40-73). Por su parte Agamen√≥n confiesa su error y una vez reconciliado, ofrece los dones prometidos por medio de su legado Odiseo; pero olvid√°ndolos √©l, tal vez con intenci√≥n de vengarse, apremia a comenzar la batalla (74-153). Finalmente cede ante Odiseo y espera hasta hallarse presente al que lo aconsejaba mientras las tropas tomaban el desayuno y recibe ante la asamblea los dones y a la hija de Brises, causa de la discordia a la que Agamen√≥n jur√≥ devolverla intacta mediante un sacrificio expiatorio (154-275). Se trasladaron los dones desde un lugar p√ļblico a la tienda de Aquiles en donde las mujeres lloraban a Patroclo y el h√©roe mismo vuelve a lamentarse y se abstiene firmemente de probar alimento, tom√°ndolo el ej√©rcito (276-339). Aquiles es deleitado por Atenea, enviada desde el cielo; poco despu√©s se pone las nuevas armas, sube al carro con Automedonte y sabido por otro el destino de sus caballos, marcha a la fila lleno de vida (340-424).

CANTO VIII

Zeus pide a los dioses llamados a asamblea que no se presenten en la batalla contra ninguno de los dos pueblos, y es llevado en su carroza al monte Ida (1-52). Desde ah√≠ contempla durante la ma√Īana a los ej√©rcitos que combaten en dudosa victoria; despu√©s habiendo pesado cuidadosamente sus suertes en la balanza del destino, y lanzando sus terribles rayos, pronostica la muerte a los aqueos (53-77). Hera en vano pide a su aliado Poseid√≥n que le sean apartadas a aquellos toda clase de ayudas; despu√©s vuelve Agamen√≥n, levantando los √°nimos y se√Īala que Zeus se le ha mostrado propicio (78-250). Ya los aqueos, alg√ļn tanto superiores, repelen a los troyanos en un nuevo encuentro, y Teucro hiere a muchos de aqu√©llos con sus flechas y a su vez es herido por H√©ctor (251-334). Una vez m√°s, se lanzan a la huida los aqueos cuando Hera y Atenea se preparan a marchar a Troya para llevar auxilio; pero Zeus habi√©ndolas visto desde el monte, las rechaza inmediatamente por medio de Iris (335-437). √Čl mismo, habiendo regresado al Olimpo reprende con suma severidad a las desobedientes diosas y aun amenaza a los aqueos con mayores matanzas para la ma√Īana siguiente (438-484). Terminada la batalla a causa de la noche y habiendo realizado una asamblea los troyanos vencedores, ponen guardias de asedio en el mismo lugar de la batalla, y para impedir a los enemigos asechanzas o navegaci√≥n, encienden innumerables fogatas a trav√©s de la ciudad y del campo (485-565).

CANTO XX

Preparados ambos ej√©rcitos y llamados los dioses a la asamblea, Zeus les permite que cada uno socorra a cualquiera de los dos que desee a fin de que no madure la matanza para los troyanos por la crueldad de Aquiles (1-30). As√≠ marchan a la guerra, Hera, Atenea, Poseid√≥n, Hermes, Hefesto, para ayudar a los aqueos; y Ares, Febo, Artemisa, Latona, Janto y Afrodita, a los troyanos. Las tierras celebran con estremecimiento y temor la entrada de los dioses (31-74). Antes del comienzo de la batalla, Febo excita a Eneas contra Aquiles que amenazaba a H√©ctor. Mientras tanto los dioses por convencimiento de Poseid√≥n se sit√ļan alejados del combate (75-155). A varias provocaciones sigue el combate de Aquiles con Eneas a quien Poseid√≥n libra por medio de una nube, pues seg√ļn los or√°culos le ten√≠a destinado un reino entre los troyanos (156-352); H√©ctor, que est√° por agredir a Aquiles, es rechazado por Febo. Aquiles mata entre otros troyanos a Polidoro, hijo de Pr√≠amo (353-418). Estando ya por vengar la muerte de su hermano, se dirige H√©ctor contra Aquiles a quien lo salva tambi√©n Febo rode√°ndolo con una nube (419-454). Movido por el dolor Aquiles ataca a los dem√°s troyanos y llena el campo de una espantosa ruina de muertos y armas (455-503).

CANTO IX

Entre los aqueos, una vez pasado el peligro, aterrorizados y rechazados de momento, convoca Agamen√≥n ocultamente a los jefes a quienes el rey les se√Īala la determinaci√≥n de huir y dirigir la navegaci√≥n durante la noche (1-38). Diomedes y N√©stor lo desaconsejan de este torpe intento (39-78). Se colocan fogatas en las trincheras de los campamentos, se prepara una cena en la tienda de Agamen√≥n y despu√©s de la cena se trata a toda costa de hacer las paces con Aquiles y atraerlo al ej√©rcito (79-113). El propio Agamen√≥n mand√≥ decir que si ced√≠a en su enojo ante la p√ļblica necesidad, le promet√≠a devolverle intacta a Briseida y magn√≠ficos regalos (114-161). N√©stor envi√≥ con estas condiciones a varios escogidos, como F√©nix a quien el padre de Aquiles lo hab√≠a hecho mentor en su juventud, √Āyax el mayor, Odiseo y dos embajadores de paz (162-184). Aquiles recibi√≥ amigablemente a los legados, pero rechaz√≥ todas las promesas de Agamen√≥n y los discursos, ya los esmerados como los √°speros y suaves; adem√°s retuvo a F√©nix y amenaz√≥ con que regresar√≠a al poco juntamente con √©l a la patria (185-668). De este modo, despu√©s de que √Āyax y Odiseo anunciaron tan dolorosa resoluci√≥n, Diomedes lo confirma en toda su gravedad a los afligidos jefes y los exhorta a la tenacidad en la lucha (669-713).

CANTO XXI

Aquiles acosa a los troyanos, parte hacia la ciudad y parte hacia el Janto (el Escamandro) y habiendo despedazado a muchos en el r√≠o, conserva a doce j√≥venes vencidos, para las exequias de Patroclo (1-33). Ah√≠ mismo mata a Lica√≥n, hijo de Pr√≠amo a pesar de sus s√ļplicas (34-135); despu√©s a Asteropeo, jefe de los peonios junto con otros de aquel pueblo, habi√©ndose librado del enfurecido r√≠o desigual en fuerza (136-210). Continuaba la matanza hasta que Janto, obstruido por el n√ļmero de cad√°veres, compadeci√©ndose, mand√≥ que su cauce se desbordara contra √©l. Apenas se escapaba Aquiles cuando de nuevo ten√≠a que saltar; pero el r√≠o enfurecido lo sumerg√≠a en sus ondas y persegu√≠a al que volv√≠a a escapar (211-271). Ya le faltaban las fuerzas al que luchaba entre las olas, pero Poseid√≥n y Atenea se las aumentaban; entonces Janto que estaba demasiado irritado, llam√≥ en su ayuda a Sim√≥is, pero Hera llam√≥ a Hefesto que quem√≥ el campo y al r√≠o y ni las llamas lo deten√≠an si no las hubiese aumentado la misma diosa (272-384). Se iniciaron despu√©s combates personales entre los dem√°s dioses: Ares, Atenea, Afrodita, Febo, Poseid√≥n; Hera, Artemisa; Hermes, Latona (385-513). Despu√©s de esto vuelven al Olimpo los dioses, excepto Febo quien se dirigi√≥ a Troya, mientras Aquiles hac√≠a estragos a trav√©s del campo y a los dem√°s los empuj√≥ su furia hacia el interior de la ciudad en la que Pr√≠amo mand√≥ que se cerrara la puerta (514-543). Para que aquellos no fueran diezmados en la fuga, Apolo detuvo a Aquiles introduciendo a Agenor, y despu√©s √©l mismo disfrazado bajo la apariencia de Agenor, lo enga√Ī√≥ huyendo y as√≠ lo alej√≥ de la ciudad (544-611).

CANTO X

Electos los vigías, Agamenón en unión con su hermano Menelao llama a Néstor y a los demás jefes y hacen guardia con ellos ante el foso (1-193). Toman determinaciones ahí mismo donde habían
sufrido las calamidades y env√≠an como observadores a Diomedes y a Odiseo (194-271). Habiendo avanzado √©stos alg√ļn tanto, un ave de raudo vuelo ofreci√≥ pr√≥spero augurio (272-298). Al mismo tiempo hab√≠a salido cierto troyano, Dol√≥n, que hab√≠a sabido las determinaciones de los aqueos, e incitado por las promesas de H√©ctor, fue aprehendido por los que se hab√≠an adelantado m√°s hacia la base naval (299-381). Implorando √©ste por su vida, denunci√≥ todos los sitios de los campamentos y a d√≥nde se dirig√≠a Reso, el rey de los tracios, pero sorprendido por Diomedes fue asesinado (382-464). Ya marchan a los aposentos de Reso, a quien hab√≠an o√≠do llegar con sus famosos caballos (465-503). Atenea amonesta a los h√©roes para que no se retarden m√°s tiempo con la esperanza de obtener demasiados botines; mientras tanto Apolo incita a los tracios y a los troyanos y los regresa a sus campamentos (504-579).

CANTO XXII

Ambos ej√©rcitos se hab√≠an puesto en lugar seguro en el campo, cuando H√©ctor, estando √©l solo, permanece frente a Aquiles que volv√≠a de perseguir a Febo. Desde el muro quer√≠an detener a H√©ctor sus parientes que lloraban desolados (1-89). Vanamente, porque a √©ste el pudor y a aqu√©l el afecto les imped√≠a retirarse del lugar; sin embargo, apareci√©ndosele un dios bajo aspecto de hombre, hizo huir a H√©ctor atemorizado. Lo persigui√≥ fieramente Aquiles y dio tres vueltas alrededor de la muralla (90-166). Entre tanto Zeus, compadeci√©ndose de H√©ctor, pes√≥ su destino en la balanza y decret√≥ su muerte. Febo lo abandon√≥ al instante y Atenea lo incit√≥ a combatir bajo la apariencia de su hermano De√≠fobo (l67-247). De esta manera los h√©roes se unen en singular combate en el que estando presente Atenea, ayuda a Aquiles y se burla de H√©ctor con terrible enga√Īo (248-305). Finalmente, Aquiles, en lo m√°s √°lgido del combate lo atraviesa con su lanza, lo despoja de sus armas e insult√°ndolo y manch√°ndose de ignominia, insulta a los suyos y atado a su carro lo arrastra hacia la base naval (306-404). Toda la ciudad llora la muerte de su querido H√©ctor y gritan amargamente sus parientes desde la muralla y Andr√≥maca es llevada a su casa (405-515).

CANTO XI

Armado Agamen√≥n con espl√©ndidas armas conduce por la ma√Īana a sus tropas a las filas de combate; lo mismo hacen H√©ctor y los otros pr√≠ncipes de Troya (1-66). Ante el ins√≥lito valor de Agamen√≥n que enardece a la turba desconocida, se excitan los troyanos y se inicia una gran batalla (67-162). El mismo H√©ctor apartado por mandato de Zeus hasta las murallas de la ciudad, evita el coraje del enardecido adversario, mientras aqu√©l se marcha del combate mal herido (163-283). Realizado esto, H√©ctor vuelve a pelear e infunde a los suyos un nuevo valor (284-309). Diomedes, Odiseo y √Āyax vuelven a la deca√≠da batalla; pero Diomedes herido por Paris se regresa violentamente hacia las naves (310 400); asimismo Odiseo herido por Soco y muerto aqu√©l, vi√©ndose rodeado por los troyanos, se libra del combate ayudado por Menelao y √Āyax (401-488). A poco a Maca√≥n y Euripilo los hieren las flechas de Paris (489-596). Viendo Aquiles a Maca√≥n que se adelantaba en el carro de N√©stor, envi√≥ a Patroclo para reconocer su presentaci√≥n (596-617). Tan pronto como reconoci√≥ √©ste a Maca√≥n y librado por N√©stor de tan miserable muerte, le pide que o bien implore directamente la ayuda de Aquiles en auxilio de los aqueos o que √©l mismo espante a los enemigos revestido con el armamento de Aquiles (618-803). Al regreso Patroclo hiere al peligroso Euripilo y es curado en su tienda de campa√Īa (804-848).

CANTO XXIII

Los mirmidones dejan sus armas alrededor del f√©retro de Patroclo, yendo delante Aquiles quien poco despu√©s les prepara el banquete f√ļnebre. √Čl mismo cena ante Agamen√≥n y anuncia las exequias para el pr√≥ximo d√≠a (1-58). A la siguiente noche se le presenta durante el sue√Īo la imagen de Patroclo que le pide justos funerales (59-107). Por mandato de Agamen√≥n se llevan le√Īos por la ma√Īana, se presenta el cuerpo y se dispersan las caballer√≠as de Aquiles y de los dem√°s; sacrificadas ante √©l muchas v√≠ctimas y los doce j√≥venes troyanos, se hace la hoguera, se enciende y arde con el soplo del B√≥reas y del C√©firo, mientras el cuerpo de H√©ctor es preparado por Afrodita y por Febo (108-225). Al d√≠a siguiente se recogen y llevan a la urna los huesos de Patroclo para que est√©n alg√ļn d√≠a, seg√ļn promesa hecha, junto con los de Aquiles; se levanta tambi√©n un t√ļmulo improvisado (226-256). Aquiles a√Īade en honor del difunto, cert√°menes de varias clases en los que se llevan premios y regalos los principales jefes aqueos. En equitaci√≥n: Diomedes, Ant√≠loco, Menelao, Meri√≥n, Eumelo y N√©stor (257-650?; en pugilato: Epeo y Eurialo (651-699); en lucha: √Āyax Telamonio y Odiseo (700-739); en carreras: Odiseo y √Āyax el menor, as√≠ como Ant√≠loco (740-797); en competencia de armas: Diomedes y √Āyax Telamonio (798-825); en disco: Polipetes (826-849); en flechas: Meriones y Teucro (850-883); y lanzando dardos: Agamen√≥n y Meriones (884-897).

CANTO XII

Rechazados los aqueos contra las murallas (hecho abominable a los dioses; a ellos mismos los rechazan detr√°s de la misma ciudad), ven que los troyanos se dirigen a las naves y que est√°n a punto de atravesar ya el foso (1-59). Desconcertados al principio por lo dif√≠cil del momento bajan de los carros por consejo de Polidamante y corren divididos en cuatro grupos (60-107). Asio se atrevi√≥ a atacar una de las puertas desde su carro y fue rechazado por los dos Lapitas con gran matanza de los suyos (108-194). Polidamante interpret√≥ augurios adversos que no intimidaron a H√©ctor en perseguir a los enemigos (195-250). √Čstos aunque molestados por un viento tempestuoso, defienden sus trincheras con suma fortaleza, estando en los primeros lugares los dos √Āyax (251-289). Por otra parte entran Sarped√≥n y Glauco a quienes se les opone Menesteo y son llamados por √©l, √Āyax el mayor y Teucro (290-377). Son heridos Epicles, el compa√Īero de Sarped√≥n y Glauco por Teucro; finalmente √©l es derrotado en la almena del muro (378-399). Los aqueos atacan duramente la muralla, abierta por la parte de los licios; H√©ctor conjura el peligro y tapa la puerta con una enorme piedra y abre a los suyos el camino hacia las naves (400-471).

CANTO XXIV

Terminados los juegos, los aqueos se entregan a la cena y al sue√Īo; Aquiles permanece insomne y durante la ma√Īana arrebata el cad√°ver de H√©ctor atado al carro cerca del t√ļmulo de Patroclo (1-18), repetida esta profanaci√≥n ante los dioses durante varios d√≠as, parte se duelen de ello, parte se alegran; compadecido Febo, que guardaba a√ļn √≠ntegro el cuerpo, se queja ante todos gravemente (19-54), y por esto Zeus, llamando a Iris por medio de Tetis, manda a Aquiles que desista de tanta crueldad y que no reh√ļse devolver el cuerpo a los que quieren redimirlo; al mismo tiempo y por su mandato, Iris exhorta a Pr√≠amo a que, pagado el rescate de redenci√≥n, reciba a su hijo (55-186). Se llevan a cabo estas gestiones doce d√≠as despu√©s de la muerte de H√©ctor. Pr√≠amo, durante la noche, al igual que H√©cuba y todos los dem√°s troyanos, re√ļnen preciosos dones y cargan con ellos un carro conducido por el pregonero Ideo y manda que se prepare otro (187-282). Entonces hechas las libaciones y aceptado el augurio directo, comienzan a recorrer el camino (283-330). Hermes llega ante Pr√≠amo por mandato de Zeus, y lo lleva a la tienda, sirvi√©ndole de vig√≠a durante el tiempo dedicado al sue√Īo (331-467). Aquiles, vencido f√°cilmente por las s√ļplicas del rey, recibe el precio de la redenci√≥n, le devuelve el cuerpo lavado, envuelto en t√ļnicas y concede once d√≠as de tregua para la sepultura y ofreci√©ndole honrosa cena lo manda a descansar (468-676). Al amanecer del d√≠a siguiente, conduci√©ndolos Hermes, Pr√≠amo lleva el cuerpo a la ciudad a cuya vista salieron todos los troyanos con grandes lamentos; colocado poco despu√©s en palacio, despu√©s de haberse presentado los cantores, lloran Andr√≥maca, H√©cuba y Helena (677-776). Hecha despu√©s la pira, se celebra el funeral y el banquete (777-804).